PERMANECE EN MI AMOR.

Written by misioneras

07/10/2021

TESTIMONIO VOCACIONAL DE SALVADOR RUIZ (Jaén, España)

¡Hola! Soy Salvador, soy de Jaén, tengo 20 años y este curso comienzo como seminarista en el Seminario Diocesano.

Inicio este camino convencido de que hay un Dios que me ama y que, en la persona de Jesús, me invita a entregar mis dones al servicio de los demás haciéndoles llegar esta vivencia, este mensaje: que hay un Dios que se ha hecho carne, que se hace pan, para hacerse cercano a mí… un Dios que habita en mí y que se hace presente tanto en lo grandioso y maravilloso como en lo humilde, en la pobreza, en lo sencillo y escondido, un Padre que camina a nuestro lado en la alegría y el dolor… a quien siempre volver… quien siempre nos espera… que nos invita a ser misión.

Mi camino vocacional comienza …

en el año de la misericordia, acompañando al titular de mi cofradía, el Cristo de las Misericordias, que presidía la celebración de apertura de la puerta santa en nuestra catedral. Ante el estupor de ver a tantos sacerdotes y seminaristas en la procesión de entrada, mis ojos se fijaron concretamente en uno, el cual me parecía que lloraba y surgía en mí la pregunta de si esos sentimientos, esas lágrimas, las habría causado el Señor… Si el Señor sería capaz de remover hasta lo más profundo de esta persona que se entregaba a él, si le colmaba de emoción hasta el punto de hacerle llorar…

Durante los meses siguientes comenzaron diversas actividades en donde ponerle rostro a la juventud de la diócesis movidos por los grupos Kairós, a los cuales por aquel entonces pertenecía, con los cuales conocí el corazón de la diócesis: el seminario; y con los cuales participé como voluntario en la feria de misericordia, un evento en el que se daban a conocer diversas congregaciones y organizaciones de nuestra diócesis, entre las cuales estaban presentes las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, congregación a la cual pertenecen dos tías abuelas mías, en la que me he educado y con la que he ido creciendo desde que tengo uso de razón… “mis monjas” como cariñosamente les digo cuando hablo a otros de ellas… un carisma que respiro y al que aspiro…

Como decía, en este evento, se desarrollaban diferentes actividades. Una de ellas nos pedía escribir un plan de futuro, una cosa breve, que pondríamos en un papelito para ofrecérselo al Señor formando una cadena entre los deseos de cada uno de los que allí nos encontrábamos… A día de hoy me sigue sorprendiendo lo que en aquel papel quedó escrito… Y es que al mirar la imagen de Madre Nazaria -que se encontraba en el stand de enfrente- mi mano, sin pensar, escribió lo que al clavar mi mirada en la suya el corazón me decía; la frase con la que ella respondería a la llamada de Jesús en la víspera de su primera comunión: “Sí, Señor… te seguiré lo más cerca que pueda…” y ahí quedó mi papelito, sin mayor importancia, como si nada… sin saber que desde ya el Señor se estaba haciendo hueco en mi corazón, a su estilo, como lluvia fina que empapa la tierra, en las pequeñas cosas, en lo sencillo…

Seguí participando de las actividades de pastoral del colegio como monitor de los grupos misioneros, en el coro de la parroquia, en el grupo joven de la cofradía… involucrándome cada vez más y haciendo cada vez más fuerte mis raíces y mi acción… realizando voluntariado, involucrándome más aún en la pastoral juvenil-vocacional MCI… donde he vivido experiencias maravillosas y conocido a gente que con el paso del tiempo, y a pesar de la distancia, se hace familia…

Es ahí donde el Señor vuelve a hacer de las suyas… en unas convivencias de Semana Santa, justo antes de terminar el desierto del Sábado de Pascua surge en mí la pregunta… “¿Y tú qué haces por Cristo?” seguida de un deseo: “Permanece en mi amor”.

Al entrar de nuevo al salón y contemplar la cruz, me hice un mar de lágrimas, pues sentía que de esa cruz nacía una fuerza de amor y misericordia que se me regalaba, que todo aquello era por mí… que debía vivir en ese amor y darlo a conocer, hacerlo vida para los demás.

Desde entonces…

traté de dar respuesta a todos los interrogantes, a las inquietudes que el Señor ponía dentro de mí…

Empecé la universidad… magisterio… la carrera con la que desde chico había soñado… Ser maestro como mis profesores… a la vez que seguía al Señor lo más cerca que podía, colaborando aún más en las actividades de la parroquia preparando la adoración Eucarística los jueves, participando de la Eucaristía diaria con frecuencia animando a la comunidad, en la cofradía desde las vocalías de cultos y juventud, seguía dando el ciento por uno en la pastoral juvenil…

Darme más y más

Sin embargo, cada vez sentía más necesidad de darme más, de involucrarme más… El Señor me pedía más… más… lo más cerca… y esto no era fácil… me comían las dudas… o más que las dudas, el vértigo… ¿Sería yo capaz? Ahora que lo tengo todo… una carrera a mitad, con buenas notas, cursillos por doquier, buenos compañeros de clase, buenos amigos, mil proyectos por realizar… sin embargo… a pesar de todo, sólo una cosa calmaría toda mi inquietud, que ni las mejores notas, ni la carrera más prestigiosa, ni los mejores viajes serían capaz de calmar… un proyecto de vida, de entrega gratuita y generosa que comienzo a dibujar siguiendo las huellas del mejor Maestro… bajo la mirada atenta de María… con actitud fiel, guerrera, sin cobardías… todo amor… haciéndome presente entre la gente, repartiéndome entre los pobres, dando la mano a los caídos, partiendo el pan con ellos… dando mi vida… mi ser entero… por Cristo, la Iglesia… pues el proyecto de vida que el Señor tiene para cada uno de nosotros no merece la pena… ¡sino la vida misma!

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