NAVIDADES EN FAMILIA

Written by misioneras

19/01/2023

           JAÉN, ESPAÑA

Soy una madre de familia educada en el legado que nos dejó nuestra madre Santa Nazaria Ignacia, fundadora de las M.C.I.

            A grandes rasgos voy a intentar describir, haciendo una retrospectiva en el tiempo, lo que significan las Navidades para nuestra familia. Desde pequeña me han inculcado valores religiosos. Era mi abuela la encargada de enseñarme oraciones, poesías, villancicos, llevarme a misa y rezar con fe.

            Jesus de Nazaret ha ocupado un lugar privilegiado en nuestras vidas. Siempre hemos celebrado estas fiestas, dándoles el sentido que tienen, sin grandes lujos y con sencillez. Con mi abuela ponía el Belén, el Árbol de Navidad y, en nuestra devoción a la Sagrada Familia, hasta creía que San José carpintero se asemejaba a mi familia… Una familia de carpinteros por varias generaciones. Mi abuelo con gran primor y esmero me hizo una cuna de madera –para mi la mejor del mundo–. ¡Estaba tan bien hecha porque era para el Niño Dios!

            Cantábamos villancicos tradicionales, escribíamos las postales de felicitación a familia y amigos, con mi madre iba a Misa del Gallo, no sin antes haber cantado mi padre el villancico de los Campanilleros. El día de Navidad íbamos a misa para dar gracias a Dios. Todo esto se lo he tratado de transmitir a mis hijos, la Navidad como motivo de alegría. Jesús ha nacido en nuestros corazones. Celebrar este cumpleaños tan importante, significaba prepararse durante el tiempo de Adviento para recibirlo.

            Cuando eran pequeños participaban de todas las tradiciones y reuniones familiares. Siempre hemos tratado de hacerles comprender que la alegría de estas fiestas no depende tanto de lo material como los grandes centros comerciales nos hacen creer. Les hemos explicado que estas necesidades son falsas, que hay mucha gente en el mundo que necesita lo básico para vivir con dignidad. Reflexionando con ellos han compartido en la medida que han podido.

            Pensamos que la semilla que fomenta valores de solidaridad, tolerancia y respeto hacia los demás ha calado en ellos. Pertenecen a la ONG Médicos sin Fronteras, Cruz Roja, etc. Éste es el proyecto de vida que les hemos transmitido y que impulsa a preocuparnos comunicarnos y compartir con los demás. A día de hoy los veo conscientes y responsables para comprender que la vida de muchas personas es lucha, sobre todo por las miles de tragedias humanas que hay a diario.

            Ahora viene esa segunda parte que es una evidencia en nuestra sociedad cada vez mas secularizada. Los hijos crecieron y los tiempos han cambiado. No se pueden aplicar a las nuevas generaciones los mismos parámetros nuestros.

             Lo «espiritual» no atrae a los jóvenes que viven el presente inmediato. En este sentido nos encontramos con muchos jóvenes desmotivados y superficiales, donde el individualismo ha calado hondo.

            Hablan de «modernidad líquida«, «amor líquido«…, las relaciones sociales para ellos son triviales y pasajeras, no hay responsabilidad, ni compromiso con los demás, se rinde culto al cuerpo, etc.

            El Papa Francisco cuando habla de «La situación actual de la familia» en «Amoris Laetitia» en la página 32 dice: «hay que considerar el creciente peligro que representa un individualismo exasperado que desvirtúa los vínculos familiares y acaba por considerar a cada componente de la familia como una isla haciendo que prevalezca en ciertos casos, la idea de un sujeto que se construye según sus propios deseos asumidos con carácter absoluto«, sigue diciendo «…las tensiones inducidas por una cultura individualista exagerada de la posesión y del disfrute generan dentro de las familias dinámicas de intolerancia y agresividad«.

            Mis hijos viven estas fiestas desde el compartir, los encuentros familiares, las reuniones y salidas con sus amistades… y creo que la experiencia, aunque no sigan una religiosidad tradicional les sirve de reflexión para sus vidas. Aun somos un pilar de referencia en sus vidas y respetan y comparten nuestros valores.

            No todo han sido alegría en estas fiestas, la pandemia vino a despojar de lujos y glamour las Navidades. La cruda realidad permanecía dos años entre nosotros, y aunque sigue, se pude decir que con otros matices. El motivo es el mismo, nace el mismo Niño, solo que en el sufrimiento de muchos hogares que han perdido a sus seres queridos, en el dolor, en la tristeza de los que económicamente se han quedado sin nada, los que han cerrado su negocio familiar, los despedidos por empresas…

            La sensibilidad humana estaba herida. Las noticias eran desoladoras, devastadoras. Así caímos en la cuenta de los miles de personas que dieron su vida por los demás: sanitarios, sobre todo, servicios públicos, civiles y un gran número de voluntarios que se ofrecieron altruistamente ante la situación, prestando ayuda desde bancos de alimentos y recursos materiales hasta servicios a domicilio. Este sufrimiento causa mella en el mundo, pudiendo hablar de un antes y un después en la vida.

            En este tiempo para los creyentes se puso a prueba nuestra fe, se hizo mas autentica, mas verdadera, despojada de todo lo superficial y accesorio. Tengamos en cuenta a Sta Nazaria cuya experiencia la impulsa a buscar el Reino de Dios en las personas de a pie, teniendo como referente a los más necesitados y desfavorecidos socio-económicamente. El Hijo de Dios nació pobre en un pesebre, la Sagrada Familia también sufrieron la pobreza, el desprecio, la humillación…

 En este contexto cobran sentido las palabras dichas por Santa Nazaria «Imitemos la misericordia de Dios; pues nunca el hombre es tan divino, como cuando se muestra más humano«.

            Pienso que está en nuestras manos buscar cada uno a ese Niño, desde la alegría y sencillez, teniendo en cuenta cada uno las diferentes realidades en que vive, y que se están dando en nuestra sociedad actual. ADELANTE SIEMPRE ADELANTE.

            «Bajemos, bajemos a la calle como el hijo de Dios baja a la tierra» Sta. Nazaria Ignacia.

Chon Pérez Pulido

   

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